Más allá del trastorno de la conducta alimentaria

Dana Lane
January 22, 2024
10 mins de lectura

En muchas ocasiones la comida y el cuerpo, se convierten en un puente entre la forma que vivimos y la manera que gestionamos nuestras emociones.

Más allá de querer bajar de peso, verse delgada frente a un espejo, o comer de más cuando se tiene un mal día, existe un significado mucho más profundo. En este caso, emociones mal gestionadas que ocupan un lugar en el cuerpo. La comida en muchos de los casos, funciona como una cortina de humo que no nos deja ver el verdadero problema: una situación muy dolorosa o alarmante que la persona no ha podido poner en palabras. La comida como una armadura de ver el verdadero malestar o también, como una alternativa de llenar un vacío que llevamos dentro.

Los trastornos de la conducta alimentaria son patrones de alimentación dañinos y alterados que crean un deterioro significativo tanto en la salud física como mental, así como en el funcionamiento diario del que lo padece. Según la Asociación Nacional de Trastornos de la Alimentación (NEDA), 20 millones de mujeres y 10 millones de hombres sufrirán un trastorno alimentario en algún momento de sus vidas. Sin embargo, solo 1 de cada 10 personas con un TCA recurre a terapia. Este tema resulta sumamente delicado, debido a que en muchas ocasiones la cultura normaliza en mujeres querer verse delgada o bajar de peso. Como también, celebrar logros con banquetes de comida, incluso encontrar confort ante situaciones difíciles en alimentos poco saludables. Es importante tener en cuenta que, sí, el comer es un acto que nos permite vincularnos con otras personas, al igual que permite tolerar algunas emociones que resultan difíciles. El problema es cuando es la comida el único vehículo y fuente que tenemos para aquello, por ende se vuelve abusivo y podemos depender de ella.

Se han clasificado distintos tipos de trastornos alimentarios, los más comunes incluyen:

El trastorno por evitación/restricción de la ingesta de alimentos se caracteriza por la falta de interés en la comida per ce, hasta en el acto de comer. Se pueden evitar ciertas comidas debido a sus características sensoriales, ya sea el color, la textura, temperatura y olor. Igualmente, la aberración a cierto tipo de alimentos por el miedo a tener una consecuencia negativa, como ahogarse o vomitar. Usualmente esta alteración es más común en bebés y niños, aunque coexiste con el trastorno del espectro autista, como también en el trastorno de integración sensorial.

Por otro lado, la Anorexia nerviosa es una de las patologías más comunes en las mujeres. Alrededor de .9% de mujeres adultas en los Estados Unidos sufren de anorexia. La anorexia nerviosa es sumamente preocupante debido a que puede ser mortal y en la mayoría de las ocasiones es poco tratada. La anorexia empieza con una reducción progresiva de la alimentación hasta el rechazo por completo de la comida. Es importante recalcar que una persona no se hace anoréxica de la noche a la mañana, sino que es un proceso gradual de abstinencia a la alimentación. Es importante recalcar algunos indicadores de la anorexia, de manera que se pueda prevenir el desarrollo completo de esta. Estos signos son:

- Hacer excusas para no comer

- Estar sumamente pendiente a las calorías

- Evitar eventos sociales que incluyan comidas

- Estar extremadamente preocupada por la imagen corporal y pérdida de peso

- “Body checking” que incluye frecuentemente estar pesandose, midiendose y viendose frente al espejo.

Que importante tener en cuenta que lo que pasa en esta patología viene de adentro. Detrás de la anorexia nerviosa, hay una persona, una mujer con muchísimas carencias. Generalmente, carencias en las dimensión familiar y relacional. La tendencia a la abstinencia no es solo con la comida, sino con cualquier tipo de sensación agradable, así como en las relaciones sociales y sexuales. Se rechaza inconscientemente cualquier situación que genere placer, como si se pusiera una armadura de las sensaciones que asustan, pero que al mismo tiempo la tiene aprisionada. Esta prisión crece y la mujer se queda enjaulada en esta. Nos encontramos con mujeres que quieren racionalmente salir de esta prisión, pero emocionalmente no pueden ya que les genera mucho miedo. Cuando pensamos en anorexia, pensamos en una mujer sumamente flaca y consumida, sin embargo, la anorexia tiene otras caras. Como por ejemplo, la mujer adulta siempre pendiente a su imagen corporal y con una disconformidad persistente. Igualmente, puede existir una mujer muy perfeccionista y con necesidad de control. En donde se le hace más fácil tener el control externo de lo que elige comer y no comer, controlar todo lo que pasa a su alrededor (pérdidas, estrés laboral, rupturas, etc) ya que resulta más sencillo que darle sentido y tener control en su mundo interno.

La anorexia nerviosa está relacionada con el afecto plano y desapegado, mientras que la bulimia nerviosa está relacionada con la alta activación emocional. En términos generales, se asocia la anorexia al sobre control, y la bulimia al descontrol. La bullimia nerviosa está caracterizada por episodios de restricción cuya persona no logra mantener en el tiempo, por lo que recurre al atracón seguido de comportamientos compensatorios, como el uso de diuréticos, excesivo ejercicio, laxantes o purgas para sentirse mejor luego de la ingesta. Aproximadamente .5% de mujeres adultas experimentan bulimia. Incluso, en mujeres embarazadas se puede ver conductas compensatorias de querer dar mucha leche a su bebé. Se considera que existe un mecanismo de desplazamiento, lo que quiere decir que, la persona desplaza toda la atención y energía en su vida a luchar contra la comida y no a las otras afecciones o complicaciones de su vida diaria.

Detrás de una persona que sufre de bulimia, pudo haber unos padres sumamente exigentes y con una moral rígida durante su infancia, quizás también padres poco disponibles o ausentes. Como también un niño que sufría y comía solo.

Otro de los desordenes alimenticios más comunes es el trastorno por atracón. Este se ****caracteriza por el descontrol e ingesta excesiva e impulsiva. A las personas que lo padecen, la conducta de comer les puede proporcionar una sensación de calma y tranquilidad en momentos de desborde emocional. La comida siendo su recurso para desconectar de una activación emocional que les sobrepasa.

Si es verdad que, una de las razones por la que las personas con problemas emocionales suelen ir en busca de comida para sentirse mejor es porque muchos alimentos incluyen triptófano, un aminoácido que provoca la liberación de serotonina. Piensa que los niveles bajos de serotonina se asocian a la depresión.

Sin embargo, lo que sucede después de darse un atracón, es el efecto contrario. Se despiertan sentimientos displacenteros como la ansiedad, vergüenza y culpa. La literatura propone que el trastorno de atracón se puede entender como un vacío interno que la persona intenta llenar de comida. La comida, ocupando el lugar de amor y comodidad que este niño/a necesitaba en la infancia.

Al igual que los otros trastornos de conducta alimentaria descritos, se desconoce una causa única para desarrollar el trastorno de atracón. Sin embargo, lo más probable es que se deba a una combinación de varias cosas, incluyendo la genética, los hábitos alimentarios de su entorno y la dinámica familiar en donde se desenvuelve. En este sentido, una persona tiene más probabilidades de desarrollar un TCA si la dimensión emotiva-relacional donde vive es caótica. Un ambiente donde exista poco espacio y disponibilidad para expresar las emociones, es una ambiente que puede abrir la puerta para reprimir lo emocional y potenciar el desarrollo de un TCA.

El trastorno de la conducta alimentaria es una enfermedad mental e independientemente de cual tipo se sufra, debe ser atendida por un profesional idóneo. Construir y mantener una relación sana con la comida y una imagen corporal saludable requiere un esfuerzo continuo. Por lo general, se debe estar acompañado por un equipo interdisciplinario, incluyendo intervención nutricional, medicación y terapia psicológica. Desde la atención psicoterapéutica se puede ayudar al paciente a identificar y poner en palabras aquello que le causa malestar y sanar heridas que tendrá un impacto directo en la disminución de la sintomatología. Existe una variedad de intervenciones de tratamiento psicoterapéuticos para ayudar en el manejo de los signos y síntomas, entre estos están:

- Terapia cognitivo-conductual

- Terapia de aceptación y compromiso

- Terapia psicodinámica

Sin embargo, independientemente del modelo y corriente que lo trate, hay que explorar más allá de la sintomatología. Nuestras heridas afectan a la manera en que nos alimentamos, pues tratamos al cuerpo físico de la misma manera que hacemos con nuestro cuerpo mental y emocional. Los TCA son enfermedades silenciosas, las cuales pueden incubarse por mucho tiempo. Generalmente, se ve la patología cuando ya ésta estalló en el tiempo. Como amigo, familiar o tú como persona, no bajes la guardia si sospechas de que estás teniendo patrones de alimentación dañinos, préstale atención, monitorealo y busca ayuda. Cuando la comida es la única respuesta al buscar apoyo y bienestar, no hay espacio para evolucionar y crecer.

Estas a tiempo para reparar la relación con el cuerpo y la comida, para los trastornos de la conducta alimentaria hay una salida, solo la tienes que buscar.

María Dominguez
Coordinadora Clínica
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